ÁMBITO EMPRESARIAL


Hoy en día  son muchas las corporaciones que invierten grandes sumas de dinero en formar a sus empleados en Inteligencia Emocional. La razón de esta apuesta estriba en que las empresas se han dado cuenta de que una de las claves del éxito comercial y de la venta de sus productos radica en el grado en que sus trabajadores son capaces de reconocer y controlar sus emociones, así como las de sus clientes.
Es casi impensable concebir un comercial de ventas que carezca de habilidades en el trato con los clientes, un empresario sin motivación para la dirección de su compañía o un negociador que no sepa capaz de controlar sus impulsos y emociones. Todo el conocimiento técnico basado en la mejor relación entre estudios académicos y experiencia no será ninguna garantía para estas personas, porque tarde o temprano malograrán operaciones económicas por un deficiente conocimiento de sus emociones.
En las empresas, la inteligencia emocional ha llevado a cuestionar que un trabajador sea válido sólo por su coeficiente intelectual y su capacidad de trabajo.
Este tercer factor ha supuesto un punto de inflexión en el momento de tratar a los empleados, y es que las personas que cuentan con mayor inteligencia emocional destacan sobre el resto porque saben manejar su comportamiento y toman decisiones enfocadas a obtener resultados positivos. Es decir, es la base de una gran cantidad de habilidades críticas, repercutiendo en casi todo lo que hacemos y decimos.


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